Después de ser capturado y juzgado, el Emperador ordenó a sus verdugos ejecutar al mono caprichoso como se merecía. Le cortaron con cimitarras y le dieron de hachazos, pero el cuerpo del mono era indestructible. Citaron a los pirománticos mas poderosos para incinerarlo, incluso a los dioses del trueno, que lo bombardearon con los rayos mas poderosos del cielo, pero todo esto no consiguió chamuscarle ni un solo pelo al poderoso Sabio Sosia del Cielo. Viendo que no había forma de extinguir la vida del poderoso mono, los súbditos informaron al Emperador de la situación.

-Tenemos un verdadero problema. ¿Como podría acabar con la vida de semejante monstruo?- Se preguntó el Emperador.

-No es ninguna sorpresa.- Contesto Lao-Tse. -Esa bestia se comió todos los melocotones, bebió el vino sagrado que otorga la inmortalidad y por si fuera poco, ingirió todas las píldoras de elixir que tenia en mi hogar, tanto las refinadas como las que aun estaban en bruto. Todo esto ha debido de hacerse una pasta dentro de su estomago y es lo que le proporciona esos poderes de invencibilidad. Lo que haremos será meterlo en el Brasero de los Ocho Trigramas y así destilaremos la pasta de dentro de su organismo y perderá todos sus poderes.-

Lao-Tse le dijo al encargado de mantener el fuego que preparara el fuego mas gigantesco que pudiera hacer, le quito al mono el arma que llevaba clavada en el esternón y le obligó a meterse en el Brasero de los Ocho Trigramas. Durante cuarenta y nueve dias estuvo en el interior de aquel horno, que era lo que duraba todo el proceso alquímico. En el momento que hubo acabado el proceso, Lao-Tse le quito la tapa al Brasero y sacar un poco del elixir que supuestamente debía haber destilado del mono. En ese momento Wu-Kung se estaba tapando los ojos con las manos y derramando lágrimas sin parar, aguantando como podía aquella tortura letal. Al oír ruido, dirigió su vista arriba y vio la luz y sin poder contenerse dio un tremendo salto que acabó con el brasero por tierra, produciendo un ruido ensordecedor. Inmediatamente busco la salida, quitándose de encima a golpes a todo el que le salia al paso, incluso tiro por tierra al mismísimo Lao-Tse. Acto seguido, se saco la barra de hierro de la oreja, la sacudió y al momento adquirió el grosor de un cuenco de arroz. Con ella se dirigió una vez mas contra el Palacio Celeste, esta vez con la intención de destronar al mismísimo Emperador y luchando con tal fiereza, que los Nueve Planetas corrieron a esconderse, mientras los Cuatro Devarajas se quitaron prudentemente de la circulación. Sobre este momento se escribieron incluso unos poemas de los cuales solo citaré uno:

“De la misma manera que la luz de lo alto llena toda la amplitud del espacio inabarcable, así su arma se ajusta a su mano poderosa. Se alarga o se acorta siguiendo los deseos de su dueño, crece o se encoge obedeciendo las órdenes de su voluntad.”

Sin ningún tipo de contemplación, fue abriéndose paso a fuerza de golpes, quitándose de encima a cuantos dioses se topó por el camino, hasta plantarse en la misma puerta del Palacio de Jade, aquí le salió al paso Wang Ling-Kwan, un poderoso guerrero que blandía el impresionante látigo dorado.

-¿Se puede saber a dónde vas, mono travieso?- Le gritó retante Ling-Kwan.

El mono sin mediar palabra, levantó la barra y le lanzo su golpe mas poderoso, que Ling-Kuan esquivó con algo de dificultad. Empezó así una lucha salvaje que hizo temblar los cimientos del mismísimo Palacio de Jade. Fue un encuentro a muerte entre un patriota con fama de grande y un rebelde de nombre no menos notorio, el pecador contra el justo. Pese a la rapidez de su látigo, poco tenia que hacer contra la contundencia de la barra de hierro. Pero Ling-Kuan era un dios y no dudó en enfrentarse a la bestia con todas las consecuencias. Estuvieron guerreando durante largo tiempo, hasta que aparecieron los treinta y seis dioses del rayo para ayudar en la contienda. Le rodearon, pero el Gran Sabio, lejos de flaquear, agarró con mas fuerza aún su portentosa barra y empezó a despachar adversarios repartiendo golpes a diestro y siniestro. Pero eran demasiados, así que viendo que aquello no avanzaba, agitó su cuerpo y se transformó en una bestia de tres cabezas y seis brazos, lo mismo hizo con su arma, que al instante se multiplico por tres, haciéndolas girar tan rápidamente que los dioses del rayo tuvieron que desistir en su ataque. Las tres barras hacían de impenetrables escudos. La velocidad de su giro era tal que la luz se reflejaba en ellas como si fueran un todo continuo. Insuperable técnica acorde a un guerrero que ni el mas intenso de los fuegos era capaz de quemar. Nadie era capaz de hacer frente a semejante guerrero, aquel que dominaba las setenta y dos transformaciones, con una vida infinita, un cuerpo indestructible y unas habilidades para la batalla que estaban muy lejos del alcance de cualquier otro ser.

El Emperador no tardó en enterarse de lo que estaba sucediendo y lo único que se le ocurrió, fue citar al anciano Buda Tathagata para dominar al monstruo. Enseguida, el Emperador le puso al corriente de todas la fechorías que el indomable mono había llevado a cabo hasta el momento. Cuando Buda lo oyó, se dirigió al centro mismo de la refriega, lanzando una orden Dharma, dijo:

  • Que los dioses del rayo dejen de luchar y que el Gran Sabio se acerque hasta mí, para que pueda preguntarle sobre la clase de poderes divinos que posee.

El Gran Sabio volvió a su forma habitual y con malos modales se acercó al anciano.

-¿Quien eres tú que te atreves a interrumpir la batalla para interrogarme?

-Soy Buda- le contestó Tathagata, sonriendo- he venido hasta aqui porque he oido hablar de todas tus fechorias y ahora mismo vas a responder. ¿De donde eres? ¿Donde te criaste? ¿Donde obtuviste tus poderes?

Con una tranquilidad impropia de el, Gran Sabio le contó toda su vida, como nació, comose hizo un lugar entre los monos y como llegó a obtener tanto poder. A lo que añadió:

-Aun con todo mi poder, no me está permitido habitar en el Palacio Celeste, porque al igual que en la tierra, solo el hijo de un rey puede ser rey. Yo estoy en contra de todas esas normas. Solo un guerrero capaz de defender a los suyos puede ser rey. Asi que te exijo que le digas al Emperador de Jade que abandone el Palacio Celeste, que yo gobernaré en su lugar, y si no acepta, no pararé de luchar y nunca habrá paz.- Le dijo el Gran Sabio a Tathagata.

Por su parte, Tathagata sin poder contener la risa le contestó:

-Tu lo que eres, es un mono engreído. ¿Como te atreves a decir todas esas tonterías. Acaso te consideras digno del cargo de Emperador? Tu, que no has parado de hacer travesuras provocando un desorden continuo y sin precedentes en el reino de los cielos. El Emperador ha tenido que sufrir un duro entrenamiento durante mas de diez mil calpas, antes de ocupar su cargo.

Viendo que con palabras no conseguiría nada, Tathagata le propuso una apuesta al mono.

-Si consigue salir de mi mano de un salto, yo mismo le diré al Emperador que venga a vivir conmigo y te deje el trono para ti.

Al oírlo, el Gran Sabio fue invadido por la mayor de las alegrías. De un solo salto, el Gran Sabio Sosia del Cielo, podía recorrer mas de ocho mil kilómetros, era la gran oportunidad que necesitaba y sin perder un segundo, acepto la apuesta del anciano Buda.

-Pero no rompas tu promesa Tathagata.- Le dijo desconfiado el Gran Sabio a Buda.

Tahagata abrió su mano que no era mayor que una hoja de loto y de un salto el mono se puso en el centro de la palma. Una vez preparado el escenario, el Gran Sabio, dio un tremendo salto que recordó a una estrella fugaz, Buda tuvo agudizar la vista para poder ver donde caía. Cuando el mono toco el suelo, estaba en lo que parecía el fin de los cielos. Una neblina verdosa no le dejaba ver el suelo y lo único que vio fueron cinco pilares enormes de un color rosado similar a la piel que parecían sostener el cielo. Para que no hubiera dudas, se arrancó un pelo, lo transformó´,en un pincel mojado en tinta y en uno de los pilares escribió: “El Gran Sabio Sosia del Cielo estuvo aquí”, para acto seguido, dejar un chorro de espumeante orina de mono entre dos pilares. Luego, dió un salto hacia atrás y en un abrir y cerrar de ojos volvió a la mano de Tathagata.

-Como habeis visto he ganado la apuesta, he estado en el fin de los cielos donde estaban los pilares que sostienen el cielo. Venid conmigo si queréis comprobarlo.- Le dijo el Gran Sabio a Tathagata.

-¿En que momento has salido de mi mano?- Le preguntó Tathagata. -Fijate bien en mis dedos, maldito mono meón.-

El Gran Sabio se agachó y enseguida vio escrito en uno de los dedos de Buda: “El Gran Sabio Sosia del Cielo estuvo aquí”, en ese mismo momento, le vino un olor acre a orina de mono.

-¿Como es posible?- Gritó el mono. -Seguro que habéis utilizado magia sobre mí para hacerme creer lo que no es. Vamos a repetirlo.-

El Gran Sabio se dispuso a volver a dar uno de sus poderosos saltos, pero justo cuando iba a despegar, Tathagata le dio un capirotazo en la coronilla, lanzándolo fuera del reino celeste, para a continuación poner su mano sobre él y transformarla en una cordillera montañosa de cinco picos, a la que se llamaría de las Cinco Fases. Tathagata había logrado acabar con la rebelión del mono, sepultándolo debajo de la montaña mas alta de la cordillera de las Cinco Fases.

En un instante, todo el caos que había azotado al reino de los cielos, se tornó en la mayor de las alegrías y el Emperador organizo el mayor banquete jamás visto en la corte para agradecer a Buda la liberación del yugo del Rey de los monos. Todos le traían regalos a Buda y le presentaban sus respetos por tan asombrosa hazaña. Le trajeron los mejores manjares celestiales, melocotones y vino sagrados y cuando menos lo esperaban, un emisario interrumpió en el festival.

-Señor Tathagata, el mono esta rabioso intentando salir y ya ha conseguido sacar la cabeza- le dijo el emisario.

-No os preocupeis- contestó Buda y pidió la presencia de los Intrépidos Guardianes de los Cinco Puntos Cardinales. A continuación se sacó un rollo, en el cual, había escrito un conjuro mágico. – Poned este rollo en una roca en lo mas alto de la Montaña de las Cinco Fases, esto hará de sello impidiendo la liberación del mono. Los cinco, os quedaréis vigilando al mono y solo debéis quitar el sello cuando llegue un enviado del cielo. Solo entonces podréis liberar al mono. Cuando tenga hambre dadle bolas de hierro para comer y cuando tenga sed dadle cobre fundido para beber. Con esto, Buda, dio su trabajo por terminado y abandonó el reino celeste para volver a su hogar, compadeciendo al pobre mono. Cuando los Cinco Guardianes colocaron el rollo en el pico de la montaña, las grietas provocadas por el mono se cerraron, dejandole el espacio justo para poder moverse un poco respirar.

Bajo la Montaña de las Cinco Fases y custodiado por los Guardianes de los Cinco Puntos Cardinales, el Rey de los monos aguardó el momento de su liberación, comiendo bolas de hierro y mojándose los labios, de vez en cuando en cobre fundido. No sabemos el mes ni el año en el que su culpa, fue por fin expiada. Quien quiera descubrirlo, tendrá que escuchar con atención lo que se dice en el próximo capítulo.

 

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kabralig

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