Una vez acomodado en su nuevo hogar,  a Wu-Kung no le faltaba ni un detalle. El plan del Emperador estaba funcionando, puesto que el mono estaba tranquilo y sin causar problemas. Todos los residentes del Cielo tenían una función y unos quehaceres diarios, mas Wu-Kung, recientemente nombrado Gran Sabio Sosia del Cielo, estaba exento de toda responsabilidad. Desde que se levantaba hasta que se acostaba, recorría las calles visitando a todos los inmortales, lo que le permitió ganarse muchas amistades entre los pobladores celestes.

De esta forma pasaron los días plácidamente en el palacio celeste, hasta que un día alguien tuvo la brillante idea de aconsejar al Emperador que le diera responsabilidades al mono. El Emperador siguió el consejo otorgó a Wu-Kung el cargo de cuidar y vigilar el jardín de los Melocotones Inmortales. Wu-Kung  asumió su nuevo cargo con mucha alegría y se tomo muy enserio su tarea.

Lo primero que hizo fue inspeccionar. En el jardín había impresionantes arboles gigantescos con unos frutos increíblemente apetecibles, rojos y jugosos. En la parte delantera del jardín, los arboles tenían un fruto maduro que tardaba mil años en crecer y que iluminaba en las artes del Tao al que lo comía, otorgándole un cuerpo formidable y haciéndolo inmortal. En la parte central los enormes arboles poseían frutos sazonados, que cualquiera que los  pruebe, asciende inmediatamente a los cielos y jamas envejece, tardaban seis mil años en llegar a ese punto de madurez. Por último, en la parte de atrás, estaban aquellos melocotones mas apetecibles, durante sus diez mil años de madurez, eran los mas almibarados. El que los probara, alcanzaría sin dificultad la edad misma del Cielo, la Tierra, el Sol y la Luna. Unos tres mil doscientos arboles en total, de los el mono cuidaba día y noche con mucho cariño.

Hasta aquí todo transcurría como tenia que ser, hasta que llegó el momento en que Wu-Kung vió que los melocotones de la parte de atrás habían llegado a su máximo grado de madurez. Al verlos quedó hipnotizado y con unas ganas irrefrenables de probarlos. Primero tuvo que engañar a los subordinados que tenia a su carga, que labraban la tierra y regaban los arboles, para que se fueran y así nadie lo viera comerse el melocotón. Tras probar el primero ya no pudo parar, arrasó con la parte trasera del jardín, solo dejó los de peor calidad y luego se puso en una rama y se transformo en una figurita de dos centímetros quedándose dormido tan felizmente.

Por otra parte, la Reina Madre se disponía a celebrar como de costumbre, el Gran Festival de los Melocotones Inmortales. La Reina Madre mandó a las Siete Doncellas Inmortales a recoger los frutos del Jardín de los Melocotones Inmortales. Las doncellas llegaron al jardín y llenaron sus cestas con melocotones de la parte delantera y del centro, pero cuando llegaron a la parte trasera, encontraron que casi no había melocotones. Solo quedaban algunos cuyo tamaño resultaba ridículo, pero quedaba uno. Las doncellas fueron a por el fruto que estaba justo en la rama en la que descansaba el mono. Al tirar, el mono despertó y antes de tocar el suelo, ya había sacado su temible barra de la oreja tomando el grosor de un cuenco de arroz. Se lanzó amenazante hacia las muchachas, pero tras escuchar su explicación tomo un tono muy amable hacia ellas.

-¿Quien acude a ese Gran Festival?- Preguntó el Wu-Kung.

-Todos los inmortales acudieron la ultima vez, tanto los que habitan en la Tierra como los del Cielo y el Inframundo.- respondieron las doncellas.

-¿Y como es que yo no he sido invitado?- dijo de nuevo Wu-Kung. Entonces recurrió a sus dotes mágicas, les lanzó un hechizo de parálisis y recito el conjuro que convierte a cualquier ser viviente en piedra. Las dejó allí y se fue volando en su nube al palacio de la Reina Madre. En el camino se encontró con el Inmortal de los Pies Descalzos, momento justo en que al mono se le ocurría un plan. Entabló conversación con él hasta que por fin le contó una invención suya en la que le metia la trola de que el festival esta vez, se celebraba en otro lugar y no donde siempre. El inmortal era un tipo confiado y dió media vuelta en dirección al lugar que le había indicado el mono. Todo iba según el plan, Wu-Kung se transformó en un ser idéntico al Inmortal de los Pies Descalzos, se coló en el salón del banquete y vió todo preparado para el festival. Del fondo del pasillo le llego el aroma de un vino que cuyo aroma le parecía irresistible. Siguió el olor y vió a los sirvientes preparando el vino para el festival. Tenia que probar ese vino celestial y para ello se arranco tres pelos, los masticó y al tiempo que los escupía gritó:

-¡Transformaos!-.

Los cientos de trocitos de pelo se transformaron en insectos del sueño que picaron a lo sirvientes, dejándolos a todos dormidos. El mono aprovechó que no lo veía nadie y bebió hasta que no pudo mas. Aun con la borrachera que llevaba encima, recapacitó:

-Mal, muy mal. Llegaran los invitados y verán lo que he hecho, enfurecerán y me pondrán de vuelta y media. Mejor me voy a mi casa a dormir un rato hasta que esto pase-.

Iba tan borracho, que el lugar de su casa, fue a parar al palacio del Inmortal Lao-Tse.

-Que bien, siempre quise conocer a este anciano, así que es una buena oportunidad para hacerlo. Voy a visitarle-.

El palacio estaba vacío, Lao-Tse estaba de viaje con el anciano Buda Dipankara. El mono con su curiosidad incontrolada, recorrió el palacio como si fuera su casa hasta que llegó al laboratorio. En él, había un horno y a su lado tres calabazas repletas de píldoras de elixir de oro.

-Siempre quise fabricar mi propio elixir de oro pero nunca lo conseguí y ahora me encuentro esto…- dijo excitado.

Se comió las píldoras como patatas fritas y enseguida noto sus efectos, la borrachera había desaparecido por completo y volvió a reprenderse nuevamente.

-Mal, muy mal. Ahora me he ganado un castigo aun mayor que el mismo cielo. Como El Emperador de Jade se entere de la que he liado, me daré por satisfecho si sigo con vida. Lo mejor es que vuelva al sitio del que procedo en las regiones inferiores, allí por lo menos soy rey.

En la Caverna de las Flores y Frutos, sus súbditos le recibieron con mucho entusiasmo y le dijeron que había estado en el Cielo cien años, pero para Wu-Kung allí, no solo fueron cien días. El Rey de los Monos les contó sus peripecias en el Cielo, todas sus travesuras y por eso esta de vuelta. Le preparon un banquete pero todo le sabia fatal.

-Que mal sabe este vino y esta comida- dijo Wu-Kung.

-Me temo señor que se ha acostumbrado a los manjares celestes y ahora la comida y el vino mortal no le satisfacen- respondieron sus cuatro generales.

-Pues ahora todos podréis probar los manjares celestes, yo mismo os los traeré.

El Hermoso Rey de los Monos volvió al lugar que se celebraba el Festival de los Melocotones Inmortales, haciendo uso de su arte mágica de la invisibilidad y todavía no había llegado nadie, los sirvientes seguían dormidos. El mono robó todo el vino y comida que pudo y regreso a disfrutar de ella juntos a sus súbditos.

En el Cielo, las doncellas se libraron del conjuro que les aplico Wu-Kung y le contaron a la Reina Madre, que a su vez se lo contó al Emperador de Jade.

-El Gran Sabio Sosia del Cielo paralizó a mis doncellas y se ha comido los melocotones de la parte trasera del jardín- le dijo la Reina Madre al emperador.

-El Gran Sabio me engaño diciéndome que el festival era en otro lugar- añadió el Inmortal de los Pies Descalzos.

-Alguien a robado el vino y la comida del festival- dijeron los sirvientes.

Y par rematar, el Supremo Patriarca del Tao, el inmortal Lao-Tse dijo:

-En el laboratorio de mi casa me han robado tres calabazas repletas de píldoras del Elixir de Oro de los Nueve Cambios-.

El Emperador de Jade hizo investigar todo este asunto y las pruebas no daban lugar a dudas:

-¡Maldito mono caprichoso. Le doy una mansión con  sirvientes y un sitio entre los inmortales y asi me lo compensa!- Gritó enfurecido el emperador. A continuación mandó un ejercito de cien mil soldados celestes, con el Devaraja Li-Chin y el Principe Nata a la cabeza, ademas de los mejores guerreros inmortales de la corte con dieciocho redes cosmicas, para cubrir completamente la montaña de las Flores y los Frutos y asi dar caza al rebelde.

El Ejercito imperial se presento en el caverna y echando la puerta abajo entraron con intención de arrestar al rebelde y hacerle un juicio ante el emperador. El Rey de los Monos organizó su ejercito y permaneció en la retaguardia. Los monos luchaban bien, pero sin nada que hacer ante seres tan poderosos como los que venian del cielo. Rapidamente se vieron superados, era el momento de entrar en batalla y de un salto, Wu-Kung cayó justo en medio de la refriega. Se enfrento primero a los Nueve Planetas y sin dejar de golpear de izquierda a derecha con su contundente barra, que adquirió el grosor de un cuenco de arroz y doce pies de largo, luchó con vigor, agotando los y provocando su retirada.

-Ese mono es en verdad un luchador de primera categoria- informaron al Li-Ching.

Poco a poco el ejercito del Rey de los Monos fue siendo capturado, solo sus cuatro generales y los monos consiguieron escapar y meterse al fondo de la caverna, así que se quedó solo enfrentando a todo un ejercito celeste con la sola ayuda de su barra. Viendo que llegaba la noche y nada estaba decidido, Wu-Kung se saco tres pelos, los masticó y gritó al tiempo que los escupía:

-¡Transformaos!- y al instante se transformaron en miles de Grandes Sabios, tan iguales a él, que incluso portaban una barra como la suya cada uno. En un abrir y cerrar de ojos rechazaron a los cinco Devarajas y al Principe Nata.

Wu-Kung regreso a la caverna con su súbditos que enloquecieron de alegría al ver a su líder regresar triunfante.

-Hemos conseguido repeler su ataque pero su campamento sigue ahí fuera, solo han capturado a los demás animales y ninguno de nosotros ha caído en sus manos, comamos y descansemos para tener nuestras energías al máximo para el próximo asalto- les dijo a sus monos.

Fuera las dieciocho redes cósmicas seguían rodeando la montaña y en el campamento del ejercito celeste se fraguaba la acometida del siguiente día.

Por el momento no sabemos que ocurrió la mañana siguiente. Quien quiera saberlo debe leer con especial atención lo que se narra en el próximo capitulo.

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kabralig

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