Después de derrotar al Rey Demonio y aniquilar a todo su ejercito, Wu-kung decidió que tenia que enseñarle a sus súbditos el arte de la guerra. Para ello, hizo que fabricaran lanzas de bambú y espadas de madera y les dio disciplina militar para que se convirtieran en verdaderos guerreros, llegando a formar un ejercito de cuarenta mil monos. El Hermoso rey de los monos estaba muy contento con la progresión de su ejercito, pero un día, el Rey Mono, se volvió raro. Ya no tenia ese entusiasmo que le caracteriza. Los monos, al ver el estado de su rey, le preguntaron que le sucedía y este les respondió:

-Hemos formado un poderoso ejercito y esto puede provocar que nuestros vecinos se sientan amenazados. Imaginaos que un día deciden atacarnos. ¿Como nos vamos a defender con lanzas de bambú y espadas de madera?. Necesitamos armas de verdad.

Dos de los monos mas ancianos se dirigieron a él.

El vecino país de Ao-lai posee el mayor ejercito del mundo. Por tanto en su ciudad debe haber numerosos herreros. Podéis encargarles que nos fabriquen las armas que necesitamos.

Ahora el problema era… ¿Como iba pagar tal cantidad de armas?. Sin un segundo que perder el Hermoso rey de los monos, dio un tremendo salto, elevándose por encima de las nubes. En menos de un minuto, llego a la ciudad principal del reino de Ao-lai y desde lo alto empezó a observar el bullicio de las calles. Había muchísima gente y entonces le vino la idea a la cabeza. El Hermoso Rey de los monos se dispuso a ejecutar una de sus artes mágicas. Primero, hizo el signo con las manos y luego recito el embrujo que lo completaba. Después lleno sus pulmones todo lo que pudo y soplo con todas sus fuerzas. Tal era su potencia que provoco un viento huracanado que arrastraba arboles y piedras como su fuesen de paja. Su potencia era terrible. Al mismo tiempo, el cielo se cubrió de unas enormes nubes negras que hasta los mas pequeños insectos sintieron el peso del terror. Toda la gente salio corriendo y se encerraron en sus casas a cal y canto, incluso es rey de Ao-lai junto con todo su ejercito se resguardaron tras las paredes del palacio. Cundo ya no quedo nadie, Wu-kung aprovecho para colarse en el almacen militar. Una vez dentro, se arranco unos cuantos pelos, los mastico y al tiempo que los escupia gritó:

-¡Transformaos!

Aparecieron entonces, mas de trescientos monos que empezaron a saquear la armería a toda prisa. Una vez fuera, Wu-kung volvió a provocar un fuerte viento que transporto a los monitos hasta la misma entrada de la caverna de la cortina de agua.

-Ahi teneis vuestras armas. Ahora si somos un ejercito de verdad.

Los monos se llenaron de alegría y rápidamente empezaron a adiestrarse en el dominio de sus nuevas armas. Todos los animales y monstruos de los alrededores fueron a presentarle sus respetos al líder de semejante ejercito y le ofrecían regalos todos los años en señal de sumisión. Pero el Hermoso Rey de los monos nunca estaba satisfecho. Esta vez comprendió, que la cimitarra que obtuvo del Rey de los Desatres, no se ajustaba del todo a su técnica de lucha. El mono, dominaba a la perfección los secretos del Tao, las setenta y dos transformaciones no escondían ningún misterio para él, era capaz de saltar por encima de las nubes y por si fuera poco, estaba familiarizado con la magia de las apariciones y el don de la ubicuidad. Pero no poseía un arma acorde a sus habilidades. Entonces uno de sus mas sabios súbditos, le comento la existencia del palacio del Dragón del Océano Oriental. Era un rumor que el viejo dragón poseía la mayor colección de armas celestes.

-Seguro que al Dragón del Océano Oriental no le importara ofreceros una arma que se adapte a sus características de lucha.

Wu-kung se dirigió inmediatamente al palacio del dragón y de forma maleducada y arrogante le exigió al Rey Dragón que le trajera un arma sin igual. Le trajo un tridente de nueve puntas que pesaba mas de tres mil seiscientos kilos, el cual rechazo con la escusa de ser demasiado ligero. Le trajeron entonces, un hacha enorme de siete mil doscientos kilos, que le seguiá pareciendo muy ligera. El Rey Dragón, sorprendido por su portentosa fuerza, solo se le ocurrió ofrecerle la pieza de hierro mágico que servia para medir la profundidad del río celeste, era tan pesada, que nadie en todo el reino era capaz de moverla. Cuando Wu-kung estuvo frente a ella, vio una enorme barra de hierro negro de unos veinte pies de largo y el grosor de una cuba. La cogió en sus manos con el menor esfuerzo y la barra empezó a brillar con un destello cegador.

-Si fuera mas corta y delgada seria el arma perfecta.- dijo Wu-kung.

Al mismo tiempo la barra se doblegó a sus deseos, adquiriendo el tamaño y grosor perfectos para la mano del mono. De esta forma descubrió que era de hierro puro y negro y sus dos extremos de oro sin macula. En uno de ellos había sido grabada la inscripción: <<La complaciente barra de las puntas de oro. Peso: trece mil quinientos kilos>>. Wu-kung estaba eufórico lanzando golpes y fintas al aire con su nueva adquisición, pero como es habitual en él, todavía no estaba satisfecho. Le ordeno al Rey Dragón llamar a sus hermanos para que le proporcionaran una armadura acorde con su poderosa barra. El Rey Dragón, al ver el espantoso poderío del mono manejando la barra, cayó preso del miedo y lo único que quería, era que ese malvado ser, se fuera de su palacio lo antes posible. Al momento aparecieron los demás reyes dragón, del Océano Austral, del Océano Septentrional y del Océano Occidental. Viendo la situación, los hermanos le dieron lo que quería. Un yelmo de oro coronado con plumas de fénix, una coraza y una cota de malla también de oro y los zapatos de andar por las nubes. El mono se colocó su nuevo uniforme lo mejor que pudo, hizo encoger la barra al tamaño de una aguja de coser y se la guardo dentro de la oreja al tiempo que se despedía, amablemente de los reyes dragón, de los cuatro océanos. Los dragones estaban furiosos por tan desconsiderado comportamiento, entraron en el palacio y redactaron una queja formal al mismísimo Emperador de Jade, de la que por el momento no hablaremos aquí.

Al volver con su familia, le prepararon un enorme banquete, al que invito a los reyes bestia mas poderosos de los alrededores, con los que entablo fuertes lazos de amistad, pero al acabar el festejo, Wu-kung cayó en un sueño profundo. Estaba soñando que unos soldados que venían con una orden imperial, se abalanzaron sobre el, atándolo de pies y manos, arrancando su espíritu de su cuerpo. Lo llevaron a un lugar extraño, era la Región de la Oscuridad, los dominios de Yama, Rey de la Muerte.

-Yo soy el Mono y estoy por encima de las Cinco Fases, soy inmortal y el Rey Yama no tiene jurisdicción sobre mi. ¿Como osais traerme aquí de esta manera?.- Gritaba el mono enfurecido.

A lo que los soldados respondieron con la mayor indiferencia. El Mono, rabioso por la situación saco la barra de hierro de su oreja y esta, creció hasta tomar el grosor de un cuenco de arroz. La levanto por encima de sus cabezas y golpeo a los guardias con toda su fiereza, a los cuales redujo literalmente a pura ceniza en un abrir y cerrar de ojos. Luego se libro de las ataduras y entro a saco en la ciudad, blandiendo la barra. Al verlo, los demonios que allí habitaban, salieron corriendo despavoridos, buscando un lugar donde esconderse. Incluso el ejercito de soldados fantasma corrieron a refugiarse en el palacio de los Diez Reyes del Mundo Inferior. Salieron pues haber que pasaba y cuando vieron el semblante fiero de Wu-kung empuñando su barra, el miedo se apoderó de ellos y  le saludaron con inesperado respeto.

– ¿Por que me habéis arrestado? Soy Sun Wu-kung, domino los secretos del Tao y soy inmortal. ¿Como os atrevéis a traerme a la tierra de los muertos?. Decidme vuestros nombres de uno en uno si no queréis que os de una paliza.

Lo Diez Reyes intentaron calmarle diciéndole que podría haber sido un error. Para ello hicieron traer el libro donde se anotan los nacimientos y defunciones, para que él mismo, comprobara si su nombre aparecía en el libro. Wu-kung empezó a buscar entre las lineas hasta que al fin encontró su expediente, en el que decía: Mono de piedra engendrado por el Cielo. Edad: trescientos cuarenta y dos años. Final feliz.

El Mono pidió un pincel y borro su nombre y el de todos su súbditos del libro de las defunciones, a lo que nadie en la sala, tuvo el valor de poner pega alguna. Los Diez Reyes consideraron mas oportuno redactar una queja formal dirigida al mismísimo Emperador de Jade y de la cual no hablaremos por el momento.

El Hermoso Rey de los monos abandono el palacio y al tiempo de salir de la ciudad cayo sobre unas zarzas que le hizo despertar al instante, se encontraba de nuevo en la Caverna de la Cortina de Agua, rodeado de todos sus súbditos. Les contó sus peripecias por el mundo de los muertos y a partir de aquel momento los monos dejaron de envejecer y permanecieron jóvenes y saludables por mucho tiempo, puesto que sus nombres ya no aparecían en los registros del Mundo Inferior.

Mientras en tanto, en el Palacio de Jade, se presentaron los Reyes Dragón de los Cuatro Océanos y los Diez Reyes del Mundo Inferior. Los cuales, les presentaron ambos informes sobre las andanzas de ese terrible ser llamado Sun Wu-kung, que los había atemorizado de tal manera, que solo podían complacerle en todas sus exigencias. Le explicaron al Emperador de Jade, como ninguno de ellos, tenia la mas mínima posibilidad de enfrentarse a tan poderosa criatura. El Emperador les hizo retirarse con la seguridad de que sus actos serian castigados como se merecía.

En cuanto salieron por la puerta del palacio, el Emperador lleno de ira, pregunto en voz alta:

-¿Quien de mis generales esta dispuesto a bajar a detenerle?

A lo que el Espíritu Sempiterno del Planeta Venus contesto:

-En lugar de detenerle, ofrecedle un puesto de tipo oficial en las Regiones  Celestes. De esta forma podrá tenerle mas controlado. Si acata vuestras ordenes, podréis recompensarle debidamente y si por el contrario se rinde a la desobediencia, entonces podréis arrestarlo.

El Emperador quedó complacido con la propuesta y envió a uno de sus generales a comunicarle la noticia al mono, le dio un escrito en el que se convocaba a Sun Wu-kung a los cielos inmediatamente para servir al Emperador de Jade.

El Hermoso rey de los Monos, se lleno de orgullo al recibir tal invitación, para él, esto significaba el reconocimiento del cielo de que era un ser superior. Antes de partir al Cielo, Wu-kung convoco a sus cuatro generales y les dijo:

-No olvideis adiestrar a los mas jóvenes y estad tranquilos,a partir de ahora viviré en los cielos durante un tiempo, hasta que encuentre la forma de poder llevaros y vivir todos juntos allí.

Desconocemos que cargo le fue confiado por el Emperador Celeste. Quien desee saberlo deberá escuchar atentamente las explicaciones que se ofrecen en el capítulo siguiente.

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