Una vez recibido su nuevo nombre, se inclinó ante Subodhi en señal de agradecimiento. Subodhi, al que a partir de ahora llamaremos Patriarca, ordenó entonces a sus discípulos que se ocuparan de Wu-Kung. Le enseñaron el arte del lenguaje y la etiqueta, además, el Hermoso Rey de los Monos, empezó a memorizar escritos sagrados y debatir sobre aspectos doctrinales, practicar caligrafía y quemar incienso. Así, estuvo durante siete años haciéndose mas culto, hasta que un día el Patriarca se digno a presentarse ante sus discípulos. El Patriarca empezó a enseñarles los principios de la Gran Doctrina.Wu-Kung escuchaba las enseñanzas del Maestro con mucha atención, no cabía en sí de gozo al oír cosas tan maravillosas. Se puso tan contento, que con sus gestos de alegría llamó la atención del Patriarca. Le pregunto a Wu-Kung que había estado haciendo durante los siete años que estuvo ausente y tras escuchar su explicación se sintió muy orgulloso de su discípulo.

Seguidamente entraron en una conversación en la que el Patriarca le ofreció a Wu-Kung distintas artes que podía enseñarle para realzar su virtud. El mono las rechazó todas con la excusa de que ninguna de ellas llevaba al camino de una vida larga (recordemos que la única intención de Wu-Kung en aquel lugar era la de alcanzar la inmortalidad). Esto causó que el Patriarca perdiera la paciencia y entrara en cólera.

-¿Que clase de mono caprichoso eres tú? ¡No me gusta aprender esto, no me gusta aprender lo otro!

Se acerco al mono y le dio tres golpes en la cabeza, luego se llevó las manos a la espalda y abandonó la sala cerrando las puertas tras de sí.

Todos sus compañeros se volvieron contra el mono, echándole la culpa de que el Maestro se fuera enfurecido y sin saber cuando tendrían la oportunidad de volver ha aprender sus enseñanzas. Tras aguantar el chaparrón, Wu-Kung se fue a descansar, parecía que solo él se había sabido interpretar el mensaje secreto del Patriarca.

Con los tres golpes en la cabeza le estaba diciendo que estuviera preparado para la tercera vigilia; al llevarse las manos a la espalda y retirarse a sus aposentos cerrando las puertas, le había ordenado que usara la puerta trasera para recibir sus enseñanzas en secreto.

Como en aquel lugar no había nada para medir el tiempo, el mono se puso a contar mentalmente las veces que sus pulmones inhalaban y exhalaban el aire. Cuando calculo que era la hora de la tercera vigilia, Wu-Kung se dirigió a la parte de atrás y observo que la puerta estaba abierta. Se  metio hasta la cama del Patriarca y esperó pacientemente a que se despertara ya que no se atrevió a molestarlo. Al poco tiempo el Patriarca despertó y tras escuchar la explicación del mono del porqué estaba allí, se sintió muy orgulloso de que el mono entendiese su mensaje a la perfección.

– Acércate y escucha con cuidado, voy a enseñarte el extraordinario camino a la vida sin fin.

  – Fortalece y haz uso de las fuerzas vitales; en eso radica todo. El poder absoluto reside en el semen, el aliento y el espíritu. Que no haya en ti el menor escape de una de estas tres fuerzas. Mantenlo siempre dentro de tu cuerpo y cuando lo hayas logrado seras según tu conveniencia un buda o un inmortal.

Wu-Kung asimiló rápidamente aquel misterio y su mente se lleno de espíritu y la felicidad descendió sobre él. Tres años estuvo practicando las enseñanzas secretas que le fueron reveladas, consiguiendo así una vida larga.

Tras ver todo lo que había aprendido el mono, le advirtió que todo inmortal está expuesto a las tres calamidades.

– A los quinientos años, el Cielo hará caer sobre ti un rayo que te fulminará. Si sobrevives, quinientos años mas tarde, te quemará un fuego que saldrá de la misma planta de tus pies. Si logras evitarlo, quinientos años después os recorrerá un viento que os hará desaparecer. Para ser un verdadero inmortal tendrás que superar las tres calamidades.

Para superarlas, el maestro le ofreció aprender el Arte de la Multitud Terrestre, que abarca las setenta y dos transformaciones del cuerpo. Wu-Kung era de esa clase de personas que al aprenden una sola cosa deducir al instante otras cien. De esta manera consiguió dominar las setenta y dos transformaciones y a volar por las nubes.

– Los inmortales, lo primero que hacen para volar, es dar un fuerte pisotón sobre la tierra y enseguida se elevan. Como tu no dominas bien la técnica, haz el signo mágico, recita el embrujo y podrás dar un salto de ciento ocho mil millas.

El camino hacia la iluminación de Wu-Kung iba viento en popa, hasta que un día empezó ha hacer un espectáculo para sus compañeros, transformándose en un inmenso y espectacular pino del tamaño de una montaña, con el único fin de divertirles. El Patriarca ante tal alboroto salió a ver y le dijo a Wu-Kung:

No te di mis enseñanzas para divertir a la gente. Si alguien te viera transformándote, te pedirán que les enseñes y sino lo haces terminaran buscándote la ruina. Tu vida corre peligro, así que vete y no te metas en ningún lío y sino consigues evitarlo, nunca menciones a nadie mi nombre. Lo único que te prohíbo es que menciones que has sido discípulo mio, ya que me atrevo a anticipar que cuando te vayas de aquí, terminarás haciendo el mal.

Tras la despedida, Wu-Kung se dio la vuelta, hizo el signo mágico y se elevó por encima de las nubes. En menos de una hora llegó a la Montañas de las Flores y Frutos.

Al llegar y reencontrarse con lo demás monos, le informaron que estaban siendo molestados y martirizados por el Monstruoso Rey de los Desastres, que poseía un ejercito de monstruos y diablillos. Les robaban y poco a poco los estaban echando de la Caverna de la Cortina de Agua.

Wu-kung, inmediatamente fue a buscar a es rey. Una vez estuvo frente a él vio que era realmente portentoso y comprendió el miedo que le tenían los monos. Media alrededor de treinta pies de altura y el perímetro de su cintura superaba los veinte palmos. Portaba una armadura metálica negra que ella sola imponía temor en sus rivales. Ambos se enzarzaron en una cruda batalla a puño limpio. Así midieron sus fuerzas con un ir venir de puñetazos, estaban igualados. Entonces, el mono puso en practica su técnica “cuerpo mas allá del cuerpo”. Se arrancó unos cuantos pelos, los masticó haciéndolos cientos de trocitos de pelo que a la vez que los escupió gritó:

-¡Transfomáos!

Los pelos se transformaron en un enjambre de doscientos o trescientos monos pequeñitos que atacaban al Rey Monstruo, unos le empujaban, otros la daban patadas, aquellos le tiraban de los pelos y algunos le daban puñetazos en los ojos. Esta distracción fue la que el Hermoso Rey de los Monos, aprovechó para quitarle la cimitarra, dio un enorme salto elevándose sobre la cabeza de su oponente para acabar propinándole tremendo golpe, que dividió en dos mitades iguales el cuerpo del Rey Monstruo. Lo siguiente que hizo el Rey de los Monos, fue acabar con el ejercito de monstruos y diablillos matándolos uno a uno.

Una vez solucionado sus problemas, El Hermoso Rey de los Monos le contó a sus súbditos como había sido su viaje como había llegado a alcanzar la inmortalidad. Además les dijo:

-Lo que mas me llena de satisfacción, es que ya se a que familia pertenecemos. Yo soy Sun Wu-Kung, por lo tanto, todos pertenecemos a la familia Sun.

A lo que todos contestaron:

-Sun es nuestra familia y Sun es nuestra nación.

Glorioso y divino nombre para aquellos monos del que todos se sentían muy orgullosos.

Si queréis saber la suerte que corrió el que fue conocido como Hermoso Rey de los Monos, deberéis leer lo que se narra en el siguiente capitulo.

wukg

 

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kabralig

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