Si algo le gusta al ser humano, es dejar constancia de su existencia en el mundo. Los videojuegos han tardado en hacerse un verdadero hueco en los libros de historia, y sobre todo, en sacar celebridades directamente desde el conglomerado de gente a la que le gustan los videojuegos.

Han pasado muchos años desde que aparecieran los salones recreativos. Lugares sucios donde la chavalada iba a derrochar monedas por echar un ratito en aquella pantallaza de tubo y en el mejor de los casos, dejar su firmita en la tabla de puntuaciones. Peleando por querer salir el primero de la lista cada vez que el juego mostraba la clasificación después de su pantalla de demostración, vacilando a los macarras del barrio y autoproclamándose vencedor absoluto de la maquinita. Con los juegos de lucha esto empezó a tener más sentido, pues dentro de todo el cúmulo de curiosos que había alrededor de cualquier máquina de Street Fighter, estaba un auténtico virtuoso del combo y shoryuken.

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He de decir, que antes incluso de poder jugar online, la comunidad fighting ya tenía sus particulares estrellas del mando. Cierto jugador ya era reconocido gracias a las victorias consecutivas y el boca a boca entre los participantes de torneos. Cierta persona no solo era reconocida por el color de su muñeco en particular, sino también por su estilo de juego dentro de las propias mecánicas. Hoy en día, gracias a la bastísima comunidad online que tenemos en muchos otros juegos de lucha, cada jugador profesional es claramente identificable por su muñeco, y la gente que forma parte de ella los reconoce sin tan siquiera aparecer su etiqueta durante el combate.

Esto no se extrapola únicamente a esto, sino también al resto de géneros con componente multijugador. Los MMORPG son muy dados a esto, gracias a la personalización de atributos y apariencia, pero que tal fama suele quedando únicamente dentro del persistente mundo de un único servidor. Ya sea incluso en FPS como la saga CoD, donde incluso algunos jugadores veteranos han acabado como celebridades del mundo de Youtube. Y bueno, esta plataforma ha sido la bomba que ha reventado todo.

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Ya después de toda esta generación de perfiles llenos de logros y trofeos, Youtube ha sido la verdadera lanzadera para que cualquier jugador sea reconocido dentro del mundillo. Campeonatos de League of Legends, alguna que otra muerte divertida en Call of Duty o Counter Strike por parte de un jugador muy suertudohabilidoso,son algunos de los ejemplos. Pero uno más reciente, son los gameplays de la saga Souls. Aquí el formato de personalización de los RPG, permite crearte tu personaje prácticamente a tu antojo, y enfrentarte al resto de toda la comunidad. Tablones de imágenes, foros, tweets, portales de noticias, todo sirve de espacio donde dejar nuestros logros y nuestra identidad para la historia de los videojuegos.

Otros juegos sin componente multijugador, también permitían cosas parecidas, como por ejemplo la franquicia de Elder Scrolls. Así es como por ejemplo saltó al estrellato el conocido Rubius, que haciendo el imbécil por Skyrim se ganó su fama dentro de la comunidad de Youtube. En estos juegos nos permiten cierta libertad para ser nosotros mismos, jugar con el propio juego sin estático a sus propias reglas. Cosa difícil con juegos como The Last of Us, donde únicamente interpretamos a Joel y Ellie.

No soy una celebridad en el mundillo, pero si me he ganado cierta popularidad entre algunas comunidades como Guilty Gear y Blazblue. He acabado siendo reconocible por mis muñecos, y es algo que en cierta medida me encanta. Tengo mi pequeño hueco en la memoria de mis compañeros, y es algo con lo que me he divertido y me he apasionado haciéndolo.

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Todo esto se ha propiciado gracias a la aparición en masa de internet, que ha sido embarcación ideal para miles de historias y anécdotas por parte de todos los jugadores. Es difícil recordar a aquella persona que llegó a la ultimísima pantalla del Pac-Man con la máxima puntuación, pero si nos acordamos perfectamente de aquel momento EVO que nos grabó en las retinas Daigo y Justin Wong.

Y ya me gustaría abrir un pequeño debate a partir de aquí, ya que todos hemos tenido nuestros rifirrafes jugando, pero alguno que otro habrá sido relevante dentro de nuestra vida. Pero no basta sólo con un gamertag, hay que dejar huella.

Sobre El Autor

Reiko

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