Todo lo que estas líneas ocupan a continuación es debido al bombazo que ha dado Yoko Taro junto a Platinum Games con la secuela de NieR. Soy bastante sensible a cierto hype, sobre todo con sagas a las que siento Devoladevoción. Pero sabemos que toda expectación se desploma, las virtudes se diluyen como lágrimas en la lluvia, y al final nos comemos un sonado tortazo en el que ni los mimos de vuestra pareja os ayudan a conciliar el dinero perdido.

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Drakengard 3 (Drag-on Dragoon 3 en Japón), es una precuela de todo lo acontecido en la saga. Somos Zero, que tiene unas hermanitas llamadas One, Two, Three, Four y Five, pero que por lo visto no le interesa que sigan viviendo y cantando. Todas ellas son Entonadoras, diosas otorgadas con cánticos de inconmensurable poder, y que gracias a ello han conseguido mantener la paz en un mundo hastiado por la guerra.

El juego empieza fuerte. Llegas a la ciudad donde están localizadas todas juntitas, te traes a tu dragón Michael para que arrase con todo y te lanzas de cabeza hacia tus cinco hermanas. El problema es que aparece el dragón de una de ellas, que es más grande que el tuyo y te manda a hacer puñetas en un pis pas. Pero bueno, esto es solo el prólogo que dejará claro la fuerte convicción de Zero para completar su tarea. Pasa un año y ya estamos casi recuperados. Un brazo protésico que sustituya el trozo que nos arrancaron, una extraña flor que brota de su ojo derecho y un humilde dragón bastante infantil. Pos hale, ya estamos listos para salir otra vez a la caza de las Entonadoras y aniquilar a cualquier masilla que se nos ponga por delante. Y a partir de aquí, como todo lo bueno de Cavia, el guión se vuelve más y más impredecible. Tanto que puede cabrearnos bastante, al meter situaciones bastante forzosas la mayoría de las veces.

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Por cada Entonadora que eliminemos, nos apropiaremos de su discípulo, hombres que invocan bestias con el poder de su canción y que sacian sus deseos sexuales. Y es que todo Drakengard 3 rebosa comentarios soeces y referencias de índole sexual. Tenemos cuatro a nuestra entera disposición: Dito, un niñato psicópata que porta una lanza; Decadus, un tipo con clara tendencia al masoquismo; Octa, un viejales en zancos más caliente que el palo de un churrero; y Seth GoldCeth, un guaperas irritable y que no hay manera de hacerlo callar.

Cada uno de ellos porta cada una de las armas disponibles del juego. Entre ellas tenemos la espada corta que será nuestra herramienta por defecto, una lanza que vendrá de perlas para derribar escudos enemigos, un set de combate cuerpo a cuerpo que se basará en el movimiento y golpear sin parar, y un chakram que servirá de arma a distancia y daño de área. Cada una vendrá bien según la situación, y que podremos mejorar con dinero y materiales ó comprar otras nuevas en la tienda que desbloquearemos durante el primer capítulo. Además, en la tienda dispondremos de unas pociones que nos ayudarán un poco entre cada misión, ya sea recuperándonos la salud, o mejorando temporalmente parámetros de fuerza y defensa.

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La jugabilidad es simple, pero está diseñada para que sea ágil todo el tiempo. Tendremos un botón para saltar, otro para ataques rápidos, otro para ataques especiales de nuestro arma, otro para usar un escudo mágico (similar al Zanshin de Hakumen), un gatillo para esquivar y otro que abre el menú dinámico de armas, cambiando en tiempo real y en mitad de los combos. Lástima que se lacre la experiencia al ser el control poco preciso, y que por culpa del rendimiento del juego nos sea imposible predecir la respuesta del enemigo.

Una de las grandes virtudes de esta saga es su peculiar personalidad. Cada uno de sus tres episodios, junto a NieR, es su contraste entre la trama y los asuntos que trata, con el pestiño técnico que supone como juego. Con Drakengard 3 tenemos un punto algo más equilibrado que la primera entrega, aunque su narrativa no está cláramente a la altura. No es un juego de Playstation 2 pero es que da toda la impresión, con texturas y modelados pobres, y un claro recorte gráfico durante los momentos jugables. Y es que sigo en mis trece de que Unreal Engine no es un motor recomendable para cualquier juego en consola (a excepción de Gears of War, que en sus entregas en Xbox 360 denota una clarísima optimización). Toca mucho los huevos el cambio gráfico que hay entre las cutscenes, con un diseño cuidado y buen ritmo, con las escenas jugables, con brutales caídas de frames y errores gráficos que duelen en los tiempos que corren, ya que recordemos que este juego salió por 2014 y exclusivo de PS3 (hola The Last of Us). Y no me explico como este juego salió en estas condiciones en Japón, y que se trajo a occidente sin corregir apenas errores. Pero fue de juzgado de guardia su distribución europea, sin edición física, y con la imposibilidad de lanzar un parche en condiciones el día de salida. La solución que optaron en Sony España, fue la de relanzar el juego digital con el parche instalado, ya que salió hecho un desastre y sin compatibilidad a los DLC que aparecieron entonces. Y ya ni hablemos de su precio, que hoy día siguen siendo más caros que el propio juego.

No voy a soltar más bilis en el apartado anterior, ya que si algo consigue es que su personalidad sea de lo más atrayente. Momentos absurdos, hachazos a la moral de los personajes, humor muy japonés, cambios de ritmo que descolocan a cualquiera, anomalías temporales que obligan a rejugar capítulos con un cambio brusco en su desarrollo, etc. Aquí no se cortan con los chistes de rabos o de burlase de muchas mecánicas de otros tantos juegos. Ya sea el repetir mecánicas de acabar con emplazamientos enemigos ó pruebas de saltar plataformas flotantes, que Zero se cagará en la madre del diseñador.

Su apartado sonoro es otro punto de mención. Su música está a la altura de toda la franquicia, su doblaje occidental sigue siendo muy bueno (aunque Zero sea algo más plana que su dobladora original), pero que resulta recomendable jugarlo en inglés por culpa de que nuestros compañeros se pasan todo el tiempo charlando con nosotros, incluso mientras estamos descargando nuestra furia contra el enemigo. La mayoría de temas compuestos para el juego serán más bien de relleno, pero que hay otros temas como The Silence is Mine que son auténticas maravillas.

 Si queréis darle una oportunidad a Drakengard 3, os recomiendo que lo importéis americano. Os saldrá más barato y tendréis una bonita edición física en la estantería. El DLC es una opción, aunque ya sabemos la política de Square Enix al respecto, y que por opinión personal os sugiero evitarlos.

Sobre El Autor

Reiko

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